Respeto para el abogado

Respeto para el abogado

Estamos demasiado habituados a escuchar cómo se reclama Justicia al amparo de la multitud o desde el interés morboso de algunos medios de comunicación cuando, en muchos casos, verdaderamente lo que se reclama es venganza.

Esas mismas voces reclaman el cumplimiento de la Ley, cómo si fuera posible hacer justicia desoyéndola, y sin embargo, esos mismos que claman justicia, esos mismos que abogan porque el peso de la Ley caiga sobre el culpable, no entienden o no quieren entender que, esa misma Ley, impone una serie de principios sin los cuales no existe Justicia.

Uno de los pilares esenciales de toda sociedad democrática es la obligación de dotar al acusado de un abogado que lo defienda, que, además, debe ejercer su profesión hasta el máximo de sus capacidades, so pena de incurrir en responsabilidad.

Sin un abogado que defienda a su cliente no habrá Justicia. La sociedad debería reflexionar sobre esta cuestión.

Hasta cierto punto puede resultar comprensible el ansia de venganza cuando es la masa quién, desde la irreflexión, actúa llevada por un sentimiento de odio, pero resulta incomprensible cuando es alimentada por algunos medios de comunicación e inaceptable cuando es el decano de un colegio de abogados quién coloca en una situación de desamparo a un abogado. Ya observamos este desliz en el caso del crimen de Alcasser y lo volvemos a ver en el caso de la muerte violenta de Gabriel, cuando el Decano del Colegio de Abogados de Almería, ofrece a los padres el servicio de acusación particular del  Colegio como entidad, no como servicio individual de un abogado que sería distinto, lo que deja en muy mal lugar al letrado de la acusada, Don Esteban Hernández Thiel, el cual, además, ha sido designado de oficio por el propio colegio de abogados encomendándole la sagrada obligación de asumir su defensa con la mayor profesionalidad que sea capaz, y que desde luego, vaya por delante, es mucha y notoria.

La intervención del abogado como elemento necesario e indispensable para alcanzar la Justicia debe tener un reflejo inmediato en nuestra sociedad y no es otro que el máximo respeto por su labor y, por supuesto, el apoyo incondicional de su Colegio.

Desde nuestra experiencia sabemos que es muy fácil gritar o insultar a un abogado cuando ejerce su encomiable labor y también sabemos que precisamente, esos que más gritan, son los primeros en buscar un abogado cuando tienen un problema y lo primero de lo que te hablan cuando contratan tus servicios es del respeto de sus derechos, esos mismos derechos que no respetan en otros.

Solo creceremos como sociedad cuando creamos firmemente en el respeto de esos derechos en los demás, por ingrato que nos parezca, y dejemos trabajar a la Justicia de la que es pieza fundamental la abogacía.

Julio Sánchez.-Abogados

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